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MARIAN LEON VALLINA
 



Las personas trabajan porque necesitan del dinero para vivir, los hay que tienen la suerte de hacer lo que les gusta y el trabajo lo convierten en Ocio, no le duele ni pesa, al contrario disfrutan con él.

Hoy me ha caído esta foto que os adjunto y me ha traído recuerdos, porque son de esas personas que, tratando con penas y sufrimientos, hacen su trabajo con una sonrisa, haciéndole a su interlocutor todo más fácil, menos vergonzoso. Bueno, hacía su trabajo en Bienestar Social, ya no lo hace, es lo que os he dicho muchas veces de Salido o le aplaudes y no le cuestionas aunque proponga barbaridades o estás contra mí. Y en ese caso despido, expulsión fulminante. Tal vez por eso las mejores personas de un proyecto originario de UCB ya no están en sus filas.

Yo le agradecí siempre el trato que recibí de ella, por eso le escribí esto que nunca publiqué, y si curiosamente remití a Pepe Lara el 11 de Diciembre de 2012.

Dice así:
 

Allí está ella sentada en aquella pequeña oficina acristalada en mitad del local de lo que es hoy Bienestar Social, es como el corazón, un corazón vivo lleno de sentimientos que como en una pecera en la que "coletea" suavemente mira fija a la cara de su interlocutor, sin pestañear y mostrando una enorme sonrisa que transmite una cierta tranquilidad. 

Sus oídos se abren a modo de esponja para absorber durante todo el día los lamentos y suspiros de todas aquellas personas que se sientan frente a ella buscando si no unas palabras de alivio y consuelo, que también, un papel que ya ha tramitado y que muestra las firmas de José Moreno y de Francisco Salido dirigido al Centro Polivalente de Actividades Sociales "Béjar", que es como un pasaporte, con un ruego, de que el portador sea atendido en materia de alimentación. Y si no está José Moreno firma ella por orden, por legal y buena gente. 

Le falta tiempo a pesar de su total dedicación, y los listados con nombres y apellidos se entremezclan sobre la mesa, unos subrayados, otros tildados, algunos muestran una pequeña anotación en uno de los lados a modo de recordatoria para una gestión posterior, y a pesar de todo eso, siempre hace un alto en el camino de su desempeño para dedicar unos minutos a quien la distrae de su quehaceres. 

Suena el timbre del teléfono recordándole que tiene algo más que hacer y toma nota del nuevo nombre que se ofrece de voluntario para recoger alimentos en cualquiera de los supermercados de Benalmádena. Me voy y la dejo allí, en su pecera cuadrada de grandes cristales como un bonito pez de colores ocultándose con unas cortinas laminadas para no distraerse con todo aquél que por allí pasa. Mientras me voy suena de nuevo el teléfono, y creo que el móvil también a la vez. Ya un poco más a lo lejos oigo dígame, y sin verla, la veo sonriendo hablando con su interlocutor en la otra parte de la línea telefónica, y si sonríe sin que la vean, es porque esa sonrisa le sale del corazón.  

Máriam o Marian, que así es como se llama, no tiene tiempo de entrar en internet y ver la web dedicada al Comedor Social, y lo sé porque aún no me ha llegado ese correo que espero, y espero que llegue algún día no muy lejano, no para vanagloria ni engordar el ego, no, sino para que ella vea que trabajamos por lo mismo con distintas herramientas desde distintos sitios y corrija lo que creyera oportuno porque no tuviera el enfoque adecuado.  

Muchas gracias Marian por estar ahí, por llevarte la faena a casa por ser incapaz de desconectarte y por ser de horario fijo de veinticuatro horas los siete días de la semana..... y si no cobras lo que debieras, que quede constancia, no es por mi culpa. 

M. Cruz